Intervenci贸n #2

Instalaci贸n. 8 baquetas motorizadas, algoritmo generativo, habitaci贸n vac铆a
Caf茅 con cables 13.1, Casa de los Diez, Santiago, Chile.

Hasta mediados de los a帽os 90 del siglo XX, la llamada 鈥淐asa de los diez鈥 era un misterio del paisaje urbano, un secreto que, como prolongando las jugarretas de la 鈥淐ofrad铆a decimal鈥, solo conoc铆an los iniciados. Es que la casona sorprend铆a en su esquina de Santa Rosa con Tarapac谩 por, al menos, tres razones: primero que todo, su estampa de casa colonial. Segundo, porque en ese momento a煤n el boom inmobiliario no llegaba al barrio, por lo que su torre dominaba entre las dem谩s casas viej铆simas que se hundidas en sus techumbres de tejas, y tercero, porque a煤n estaba habitada por parte de la familia que la hab铆a adquirido en la segunda mitad de los a帽os 20.

Ha pasado el tiempo y hoy me reencuentro con esta casa que alguna vez convoc贸 a varios de los m谩s importantes artistas chilenos, animada por j贸venes creadores con similares inquietudes. Es que justo ac谩, un grupo de ellos, reunidos en el colectivo 鈥22bits鈥, hace de una de sus habitaciones, su campo de experimentaci贸n. Hasta donde sabemos, esta misma sala fue el 煤ltimo rinc贸n de la 鈥淐asa de los diez鈥 que estuvo habitado. De hecho al pasar de noche frente a ella a comienzos de este siglo, la 煤nica se帽al de vida que sal铆a de la casa, era la luz que se colaba por los postigos de sus ventanas. Un d铆a se la luz se apag贸 y la vida adentro se hizo el silencio. Ya no la habitaba la 煤ltima persona que hab铆a sido de alg煤n modo protagonista y testigo de su historia y que representaba el nexo posible entre tiempos tan distantes y desde entonces el misterio de la memoria latente se dispers贸 dejando esa forma de la nada que es el silencio de las cosas inanimadas.

Es inevitable al recorrer hoy esta casa m谩s que centenaria, el imaginarla viva y cotidiana, con sus salones, su patio enmarcado por las columnas con capiteles que recuerdan a los integrantes de la 鈥淐ofrad铆a decimal鈥 y su incomparable torre que fue la materializaci贸n de uno de los primeros sue帽os de 鈥淟os diez鈥 鈥搇a torre, el retiro, la elevaci贸n, la perspectiva sobre las cosas 鈥. Es inevitable sentirla cruzada por los espectros de quienes la vivieron, de quienes en ella crearon, amaron, rieron, trabajaron. As铆 mismo este ejercicio de buscar el sonido de la 煤ltima pieza habitada, es como liberar en ella los espectros sonoros contenidos y con eso, activar una forma de memoria sutil: el sonido de las cosas olvidadas y que ya nadie m谩s oir铆a.

Ahora esta habitaci贸n, por medio del artificio electr贸nico, vuelve a ser fuente de sonidos y as铆 vuelve a ser vivida. Paradojalmente a trav茅s de estos espectros sonoros 鈥搎ue en cuanto percibimos y son en nosotros dejan de ser para siempre鈥 podemos conectar pasado y presente y mantener viva la llama inquieta que anim贸 mucho antes a 鈥淟a casa de los diez鈥.

Eduardo Leiva, escritor e investigador patrimonial